jueves, 9 de abril de 2009

"UNA SOLUCIÓN PARA LA INSEGURIDAD" POR ROLANDO HANGLIN.

Todo el país habla de la inseguridad: hay miedo y alarma por los asaltos, violaciones, robos y sobre todo los asesinatos gratuitos que se suceden y en los cuales los ladrones, absortos en la tarea de matar gente...¡Se olvidan de robar!
Tal vez sea sólo una "sensación", como dicen algunos respetables funcionarios. Tal vez, como afirman otros, la "prensa opositora" agiganta el tema para perjudicar a la administración. Tal vez. Pero admitamos que hay un problema de inseguridad (grave o leve) y que mejor sería no tener ningún problema en esa materia. ¿Verdad?
La reacción de los ciudadanos ante esta cuestión depende de su orientación política, su carácter y -sobre todo- las experiencias que les haya tocado vivir en su familia. Unos reclaman "mano dura" porque a los delincuentes "hay que meterles bala". Otros exigen que se resuelvan los problemas sociales de marginalidad y desempleo porque todo el asunto se origina en la violenta pobreza: sólo los padres que no pueden llevar un pan a la mesa de sus hijos salen a robar.
Bien. Sea lo que sea, examinemos la famosa teoria de la Tolerancia Cero, aunque más no sea para ver de qué se trata. En realidad no es una consigna policial ni una actitud ultra -represiva ni un invento de politicos ultraderechistas con alma de sheriff. Para nada.
La historia comienza en 1969, en la Universidad de Stanford (USA) donde el Profesor Phillip Zimbardo realiza un experimento de psicología social. Para estudiar el comportamiento del público, los investigadores dejan abandonado un auto nuevo junto a una vereda en el peligroso barrio del Bronx. El mismo dia y a la misma hora, estacionan otro auto (mismo modelo, misma marca, mismo color) en el lujoso vecindario de Palo Alto, California. Hay que recordar que, en aquellos años, uno de los mayores problemas de los Estados Unidos era precisamente la inseguridad, y se debatía con furia sobre las posibles soluciones, represivas o asistencialistas.
Al cabo de tres días, el auto estacionado en el Bronx había sido desguazado por los vecinos. Se fueron llevando los neumáticos, las ruedas, la radio y el pasacasette, los butacones, los vidrios, los pedales...¡Quedó sólo un esqueleto!
En cambio, el auto abandonado en Palo Alto estaba intacto. Nadie le prestaba atención. La conclusion inicial fue obvia: "En el Bronx hay hambre, marginalidad, escasez. La gente es muy pobre, de manera que no tiene tiempo de pensar si sus acciones son legales o ilegales. En su desesperación, roban lo que pueden. En cambio, los ricos vecinos de Palo Alto no necesitan un pasacasette ni una butaca de auto....¡Todos tienen varios autos!".
Pero el Profesor Zimbardo continuó con su extraordinaria investigación. Introdujo la siguiente novedad: romper uno de los vidrios del auto estacionado en Palo Alto. En pocas horas comenzó el proceso de desguace que había tenido lugar en el Bronx. Vandalismo, robo, destrozos a cargo de insospechables vecinos.
Por lo tanto...¿Qué tienen que ver la pobreza y el hambre? Nada.
Hay algo en la mente humana -concluyó el Profesor Zimbardo -que tiene que ver con el abandono, la suciedad, el desorden. Las señales de abandono incitan a las personas a comportarse de modo antisocial. Recordemos estos términos: señales de abandono.
Cuando usted, amigo lector, lleva a su perro a hacer las necesidades a la plaza...¿No busca un sitio que esté ya abundantemente adornado por otros perros? Esto reduce su sentimiento de culpa. Qué le hace una mancha más al tigre. ¿Verdad?
¿Por qué en las iglesias reina el silencio y todo está limpio? No se trata de que los feligreses sean millonarios. Ni tampoco de que el cura los vigile con una escopeta. Sencillamente, la quietud y el orden de ese lugar generan en el visitante una actitud de respeto. Por eso están todos callados "como en misa". Aunque reconozcamos que también se han saqueado templos en la historia humana.
Resumiendo el hallazgo del Profesor Zimbardo: las calles limpias, las veredas blanqueadas y sin graffiti, los canteros floridos, las plazas enrejadas y cuidadas, el mobiliario urbano sano -y- limpio representan el orden, e inspiran en las personas una conducta sin desórdenes.
Más adelante, dos investigadores llamados James Wilson y George Kelling desarrollaron la "Teoría de las Ventanas Rotas". Estos señores verificaron que, cuando en un edificio se rompe un vidrio y nadie se preocupa por reemplazarlo, ni hay castigos contra el autor de la pedrada, se genera un "efecto indiferencia". Pronto estarán rotos todos los vidrios del edificio. Y del barrio.
Dice una antigua norma metafísica denominada Ley de Atracción: los iguales se atraen.
El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, inició en 1994 la puesta en práctica de la teoría de las ventanas rotas. Aplicó entonces la Tolerancia Cero. Esto es: reprimir con firmeza cualquier desmán, cualquier irregularidad. Por ejemplo: no está permitido abordar a los automovilistras exigiéndoles que compren un objeto perfectamente inútil, o que paguen por un rápido fregado de sus ventanillas, ni circular con palos, piedras o máscaras, ni agruparse en tumulto impidiendo la circulación. Es decir: no está permitido hacer todo lo que los argentinos hacemos constantemente, o toleramos como vacas asustadas.
Una mirada a la carrera criminal de un millón de gangsters permite observar que empezaron a los ocho años (por ejemplo) robando un caramelo, siguieron con un reloj, ascendieron luego a la violación de una muchachita a los 13 años, empuñaron su primer revolver a los 17 y luego siguieron en su marcha consagratoria con asesinatos, copamientos, batallas urbanas, fusilamientos de inocentes. Pero todo empieza con un furtivo piedrazo a las ventanas...
Personas más expertas que yo han señalado que el crimen no tienen nada que ver con el hambre o la miseria, ya que en realidad se trata de una industria. Por lo tanto, requiere capital. Es muy cara una pistola, con sus proyectiles adecuados, y el uso de la misma supone entrenamiento, práctica, tiempo de training, no sólo vocación. Las distintas maniobras de un grupo de asaltantes (agrupación de ataque y fuga, cobertura de fuego enemigo, logística, uso de vehículos y armas, cantidad de individuos necesarios para determinada operación, apoyo de retaguardia, copamiento, reserva de municiones, distribución geográfica de los efectivos) corresponde a un manual de tipo militar. El lunfardo acude en nuestra ayuda para demostrar que esta industria se basa en una mano de obra bien entrenada, segura de su IMPUNIDAD (si no, se acaba el negocio) y que sus protagonistas son trabajadores. "Afanar" viene del castellano antiguo: trabajar. Lo mismo significa hoy día en España la palabra "currar". Desempeñar un empleo. Y por ese mismo motivo los gangsters de las películas contratan a un hampón diciéndole: "Te voy a encargar un trabajito..."
Es una industria muy rentable que se basa en arruinarnos a todos nosotros.
Durante veinte años he pasado por la placita de Libertador y Olleros, camino al Buenos Aires Lawn Tenis Club. Siempre fue un sitio indeseable. Oscuro, dudoso, sucio de papeles y excrementos, con el césped arrasado. Hace dos días pasé por allí, descubriendo con sorpresa que aquí también aplican la Teoría del Vidrio Roto y la Tolerancia Cero, cuando quieren. La plaza está iluminada al giorno, con verjas negras que producen cierto respeto instintivo, con canteros rebosantes de flores.
O sea: tal vez no hagan falta batallones de policías armados hasta los dientes, sino -al menos para empezar- una buena cantidad de pintores, carpinteros, jardineros, guardianes de plaza y, sobre todo, la decisión política de vivir en un país decente, ordenado y limpio. Sin violencia en ninguna parte.
¿Que todo esto es una utopía? Hombre, claro, esa es la idea.
LA NACIÓN. COM. MARTES 7 DE ABRIL.

lunes, 6 de abril de 2009

ACERCA DE LOS DICHOS DE ZAFFARONI.

A las declaraciones de Carmen Argibay sobre que la inseguridad está exagerada por los medios, se suman las de Eugenio Zafaroni que sostuvo que el temor a la inseguridad es infundado. Para el diccionario de la Real Academia la definición de infundado significa que carece de fundamento real o racional.
Creo que no hay nada más racional y fundado que expresar el temor por la inseguridad, solo basta caminar por cualquier calle, circular por avenidas, rutas nacionales o parajes de cualquier rincón del país para corroborar que resulta un peligro inminente. Lo irracional es, que ante tantas violaciones, secuestros, robos y asesinatos se sostenga que esto es producto de una exageración de los medios y que el temor a ser la próxima víctima no tiene fundamento no aplicando una política de estado eficiente que tienda a disminuir la ola de inseguridad.
Los dos principales valuartes de la Corte renovada durante la gestión Kirchnerista coinciden con las declaraciones del propio gobierno contrariando la opinión de la mayoría de un país que sostiene que la inseguridad es inmanejable para el mismo y se ve indefenso ante la inoperancia del gobierno nacional y gran parte de un poder judicial timorato por aplicar las leyes vigentes en el Código Penal.
Alejandro Olmedo Zumarán.

SOBRESUELDOS Y AUSENCIA DE MORAL II


El 12 de julio de 2005 analizábamos en NOTIAR con el titulo: "Sobresueldos y ausencia de moral", los comportamientos de los políticos y los miembros de la sociedad argentina.

Decíamos entonces: "Quienes son los responsables de dirigir los destinos de la República han evidenciado constantemente, salvo honrosas excepciones, un desapego por el cumplimiento de las normas jurídicas y las morales que son las que conciernen al fuero interno o al respeto humano".
A continuación hacíamos un recuento de algunos de los comportamientos habituales en nuestra masa social que nos demuestra lo lejos que estamos de ser una sociedad madura y comprometida con el progreso de la Nación.

Eran diez puntos pero sólo recordaremos cuatro:

1) Intentar coimear a un policía para evitar ser multado y luego contarlo como una hazaña en una reunión de amigos.
2) Conducir a mayor velocidad que la permitida, no respetar los semáforos en rojo, no dar prioridad de cruce al peatón, abusar del uso de la bocina, estacionar o detenerse en lugares prohibidos.
3) Sacar la basura en horas y días que la ley lo prohibe.
4) Caminar por las calles tirando papeles en las veredas haciendo caso omiso de los cestos a la vista.

Llegando al final del análisis nos planteábamos los siguientes interrogantes:

1) ¿Qué puede suceder con una sociedad donde la mayoría de sus miembros no cumple las normas básicas de convivencia social y luego, entre esos incumplidores, se elige a quienes ocuparán los cargos de jerarquía, como juez de la Nación, legislador o presidente de la Nación?

2) ¿Puede una sociedad cuya mayoría hace del incumplimiento a las normas una regla y el respeto a ellas la excepción clamar a sus gobernantes, legisladores, jueces, ministros y funcionarios del Estado que tengan moral y honestidad?

Para finalizar proponíamos lo siguiente:
"Como punto de partida para solucionar este problema crucial que atañe a nuestra República, propongo que todos los habitantes de la Nación comencemos por cumplir esas normas, que para muchos son irrelevantes, pero constituyen la base del respeto y de la madurez que es patrimonio de una sociedad avanzada. Cuando comprendamos el valor que significa para una Nación el cumplimiento irrestricto de la ley, que toda norma debe ser respetada sin excepción y que esto debe ser transmitido a nuestros descendientes, ese será el primer paso hacia la construcción de un país serio..."

De esto se cumplirán cuatro años el 12 de julio y al parecer estamos lejos de haber comenzado cómo sociedad a cumplir las normas que para muchos son irrelevantes, porque continúan siendo ignoradas por la mayoría de los habitantes.

A medida que transcurre el tiempo estamos más y más distantes de comprender el valor que tiene para una Nación el cumplimiento irrestricto de la ley.

A esta altura, no hay ninguna duda que quienes más se han alejado de los postulados, principios y garantías de las leyes y sobre todo de la Constitución Nacional son los actuales responsables de dirigir los destinos de la Argentina.

Si hace cuatro años proponíamos que todos comencemos por cumplir las normas sean estas mas o menos relevantes, pensando en la formación de las generaciones futuras, en la actualidad las irregularidades, la corrupción, la mal llamada viveza criolla que no es otra cosa que el incumplimiento liso y llano de la ley, la violación constante y sistemática de los principios y garantías constitucionales se han incrementado hasta límites rayanos en el delito, que es tolerado e incentivado para cubrir desde el gobierno su propia inconducta.

Tomando en cuenta además el agravante de haber casi inutilizado dos de los tres poderes que conforman un Estado Republicano, extremo alarmante cuando el legislativo y el judicial hacen lo que les dice quien comanda el ejecutivo, y quién comanda dicho poder es una títere que obedece los deseos de quién verdaderamente dirige el país sin ocupar ningún cargo gubernamental, el panorama se complica y resulta en sumo grado amenazante de la estabilidad de la Nación Argentina.

El grado de inmoralidad, perversidad y anarquía al que hemos llegado era inimaginable y aún hoy cuesta creer que estemos viviendo esta situación.

Asimismo, si tomamos en cuenta la opinión de analistas avezados en temas políticos, éstos nos anuncian que la situación actual todavía puede empeorar ya que, de ganar las elecciones, sea en junio o en octubre, los responsables de este funesto presente podrían caer en una forma de gobierno dictatorial y revanchista que haría trizas el futuro de la Argentina.

La moral y la dignidad han sido derrotadas por la violencia irracional del poder en ejercicio, violencia que se instrumenta por medio del arma más descarnada que ciertos hombres hoy no pueden resistir, el dinero.

El dinero hace que gobernadores anuncien que adherirán a la coparticipación federal de las retenciones a la soja ofrecidas por el gobierno, olvidando que las conciencias de los que estamos decididos a no vendernos no los perdonaran ni justificaran por haberse rendido ante esas deshonrosas concesiones

¿Hubiesen hecho lo mismo Domingo F. Sarmiento, Arturo Illia, José de San Martín o Lisandro de la Torre?

Seguramente no, porque tenían como valores principales la moral, la honestidad, la dignidad y el progreso de la República. Su ejemplo nos indica justamente lo contrario de lo que esta aconteciendo: no ceder a las extorsiones, a las dádivas impropias y toda manipulación que mancillara nuestro honor.

Estos valores, perdidos también en el mundo entero, se han extinguido aceleradamente en la Argentina donde la dignidad, la honestidad y la moral son utopías y cuentos de ciencia ficción para gran parte de la sociedad y para casi todos los políticos.

Cuando la mayoría de los integrantes de una sociedad antepone el beneficio personal, el de sus parientes y sus amigos a las leyes, paraliza sus defensas radicadas en la ley y en las Instituciones para caer enferma. Esta es una enfermedad terminal y a nadie escapa el conocimiento de cual es el final que nos espera.

Alejandro Olmedo Zumarán.
"Ayudemos... a convertir el desencanto acumulado en una lección y no en una lápida": Santiago Kovadloff, La República sigue siendo una ausencia (El Mirador, "La Nación" 3/04/2005).
Ante la inmoralidad y la ineficiencia de la clase política para resolver los problemas que asolaban a la Nación años atrás, la ciudadanía salió a las calles clamando el ya olvidado e incumplible "que se vayan todos...".
Actualmente, como en el pasado ocurrió con el bochornoso hecho, nunca aclarado, de las coimas en el Senado, otro asunto muestra la deshonestidad de quienes nos han gobernado. Es el que trata los sobresueldos que percibían los ministros y secretarios del Estado Nacional vía fondos reservados de la SIDE o empresas privadas, dinero que no debería haber sido aceptado por el funcionario de turno. Tampoco hay certezas si en los días que corren esta práctica ha sido dejada de lado.
En la edición on line de "La Nación" se realizó una encuesta en la que votaron 18.477 personas ante la pregunta ¿Cree usted que en este gobierno se pagan sobresueldos? El 87,40% expresó que sí, lo que demuestra el desprestigio que tienen los funcionarios encargados de administrar la cosa pública.
Quienes son los responsables de dirigir los destinos de la República han evidenciado constantemente, salvo honrosas excepciones, un desapego por el cumplimiento de las normas jurídicas y las morales que son las que conciernen al fuero interno o al respeto humano.
La duda que invade mi espíritu es la siguiente: gran parte de los políticos ¿es inmoral o la sociedad argentina lo es también en su mayoría?
Analizando comportamientos sociales cotidianos, nos dan una pauta del perfil de la sociedad.
1) Intentar coimear a un policía para evitar ser multado y luego contarlo como una hazaña en una reunión de amigos; 2) conducir a más velocidad que la permitida, no respetar los semáforos en rojo, no dar prioridad de cruce al peatón, abusar del uso de la bocina, estacionar o detenerse en lugar no permitido; 3) sacar la basura en horas y días que la ley lo prohibe; 4) caminar por las calles tirando papeles en el piso y no en el cesto; 5) comer productos en las góndolas de los supermercados y luego tirar el envase en el piso o no anunciarlo a la cajera cuando abonamos; 6) no dejar el asiento a las mujeres embarazadas ni a las personas mayores en los medios de transporte público, a pesar del cartel que indica la obligación; 7) caminar con paraguas bajo los balcones cuando diluvia, no dejando pasar al transeúnte que no lo tiene; 8) entrar en el subte y no dejar salir del vagón a quien intenta descender; 9) el afán por querer saltear a quienes nos preceden en las colas; 10) el incumplimiento del horario por parte de muchos profesionales que atienden a sus pacientes o clientes después de la hora prefijada.
Podría continuar, pero con estos diez puntos es suficiente para plantear los siguientes interrogantes:
1) El impracticable pedido de "que se vayan todos" fue dejado de lado por el hecho de que la mayoría de los componentes de la sociedad no cumple las normas básicas de convivencia social y, por lo tanto, los futuros reemplazantes elegidos dentro de esta sociedad tampoco las respetarían. Una persona que no cumple con las normas a las que está obligado como ciudadano ¿puede ser un funcionario honesto e idóneo en la función pública?
2) Existe la creencia de que el ejemplo debe venir de arriba hacia abajo, del padre al hijo, del maestro al alumno, del gobernante a sus gobernados.
¿Qué puede suceder con una sociedad donde la mayoría de sus miembros no cumple las normas básicas de convivencia social y luego, entre esos incumplidores, se elige a quienes ocuparán los cargos de jerarquía, como juez de la Nación, legislador o presidente de la Nación? ¿Puede una sociedad cuya mayoría hace del incumplimiento a las normas una regla y el respeto a ellas la excepción clamar a sus gobernantes, legisladores, jueces, ministros y funcionarios del Estado que tengan moral y honestidad?
Como punto de partida para solucionar este problema crucial que atañe a nuestra República, propongo que todos los habitantes de la Nación comencemos por cumplir esas normas, que para muchos son irrelevantes, pero constituyen la base del respeto y de la madurez que es patrimonio de una sociedad avanzada. Cuando comprendamos el valor que significa para una Nación el cumplimiento irrestricto de la ley, que toda norma debe ser respetada sin excepción y que esto debe ser transmitido a nuestros descendientes, será el primer paso hacia la construcción de un país serio que, seguramente, tendrá, como merecemos todos, presidentes, legisladores, jueces, ministros y funcionarios probos y honestos que entenderán de una vez por todas el significado de tener el honor de servir a la Patria desempeñando un cargo público; y que ese honor no debe ser mancillado por el beneficio personal que tanto ha primado en nuestros últimos dirigentes.
Como expresara el gran novelista y dramaturgo ruso Anton P. Chejov, "los inteligentes son los que quieren aprender; los otros, enseñan".
Alejandro Olmedo Zumarán

LA TEORÍA DE LOS DEMONIOS.

Con respecto a la carta publicada el 30/3 titulada: "Sobre la teoría de los dos demonios" deseo expresar que resulta muy difícil respetar a una persona que celebra con alegría los atentados terroristas, sea el de las Torres Gemelas, el de la Estación de trenes de Atocha, o cualquier otro que tenga lugar en cualquier parte del mundo.

Matar en defensa propia, una vez realizada la exhaustiva investigación por parte del juez quién sentencia que realmente hubo legítima defensa propia, está amparado por la ley.

¿En defensa de quién mataban los terroristas subversivos de los setenta, quienes según la sentencia del juicio a las juntas militares asesinaron a 1501 personas entre los que se encontraban tanto policías y militares como civiles que incluyeron a niños de tres años como Cristina Viola y Juan Barrios?

¿Qué explicación justifica a los 21642 atentados terroristas?

La violencia, venga de dónde venga merece el mismo juicio. Cuando el objetivo es secuestrar, torturar y matar seres humanos las muertes valen lo mismo, no hay vidas que valgan mas que otras. Tampoco encuentro justificativo para lo que hicieron los terroristas que intentaban liberarnos de la esclavitud, perpetrando la mayoría de los atentados terroristas durante gobiernos democráticos.

¿Liberarnos de qué o de quién?¿De la democracia y de Perón?

Fueron secuestros, torturas y muertes que encadenaron más muertes, tal como está comprobado por lo que pasó después del 24 de marzo de 1976.

La pregunta que cabe a esta altura es: ¿el país mejoró?

Ser joven, católico ferviente, ¿humanista? y revolucionario no le da a nadie el derecho de erigirse en “salvador de la patria y del planeta”, menos aún cuando ese salvamento consistía en eliminar a miles de seres humanos.

Quienes combatieron al terrorismo, violando los derechos humanos, también se arrogaron el título de salvadores de la Nación, provocando divisiones y enconos que trajeron aparejado un enorme sufrimiento que aun hoy sigue vigente.

Ambos lados reclaman justicia, y una de las partes, la de las víctimas del terrorismo subversivo, ni siquiera ha logrado el más mínimo reconocimiento, por el contrario, continúa siendo discriminada por haber sido militares, hijos de militares o civiles, quienes perdieron la vida por haber estado en el lugar donde muchos jóvenes humanistas y católicos fervientes que querían salvar al planeta ponían bombas.
Alejandro Olmedo Zumarán.

LA TEORÍA DE LOS DEMONIOS.

Con respecto a la carta publicada el 30/3 titulada: "Sobre la teoría de los dos demonios" deseo expresar que resulta muy difícil respetar a una persona que celebra con alegría los atentados terroristas, sea el de las Torres Gemelas, el de la Estación de trenes de Atocha, o cualquier otro que tenga lugar en cualquier parte del mundo.

Matar en defensa propia, una vez realizada la exhaustiva investigación por parte del juez quién sentencia que realmente hubo legítima defensa propia, está amparado por la ley.

¿En defensa de quién mataban los terroristas subversivos de los setenta, quienes según la sentencia del juicio a las juntas militares asesinaron a 1501 personas entre los que se encontraban tanto policías y militares como civiles que incluyeron a niños de tres años como Cristina Viola y Juan Barrios?

¿Qué explicación justifica a los 21642 atentados terroristas?

La violencia, venga de dónde venga merece el mismo juicio. Cuando el objetivo es secuestrar, torturar y matar seres humanos las muertes valen lo mismo, no hay vidas que valgan mas que otras. Tampoco encuentro justificativo para lo que hicieron los terroristas que intentaban liberarnos de la esclavitud, perpetrando la mayoría de los atentados terroristas durante gobiernos democráticos.

¿Liberarnos de qué o de quién?¿De la democracia y de Perón?

Fueron secuestros, torturas y muertes que encadenaron más muertes, tal como está comprobado por lo que pasó después del 24 de marzo de 1976.

La pregunta que cabe a esta altura es: ¿el país mejoró?

Ser joven, católico ferviente, ¿humanista? y revolucionario no le da a nadie el derecho de erigirse en “salvador de la patria y del planeta”, menos aún cuando ese salvamento consistía en eliminar a miles de seres humanos.

Quienes combatieron al terrorismo, violando los derechos humanos, también se arrogaron el título de salvadores de la Nación, provocando divisiones y enconos que trajeron aparejado un enorme sufrimiento que aun hoy sigue vigente.

Ambos lados reclaman justicia, y una de las partes, la de las víctimas del terrorismo subversivo, ni siquiera ha logrado el más mínimo reconocimiento, por el contrario, continúa siendo discriminada por haber sido militares, hijos de militares o civiles, quienes perdieron la vida por haber estado en el lugar donde muchos jóvenes humanistas y católicos fervientes que querían salvar al planeta ponían bombas.

Alejandro Olmedo Zumarán.


Al leer la carta de la Señora Inés Blanco no puedo más que sentir un profundo rechazo hacia la actitud de destruir la Plaza Cristina Viola situada en las calles Muñecas y España que llevaba el nombre de una de las miles de víctimas que el terrorismo subversivo exterminó sistemáticamente. Tanto Cristina Viola como Juan Barrios que también tenía tres años cuando lo asesinaron los terroristas así como todas las demás víctimas, eliminadas la mayor parte durante gobiernos democráticos, merecen respeto. No solo que no se destruyen las plazas o bustos con sus nombres sino que quiénes cometieron dichos crímenes de lesa humanidad sean juzgados tarde o temprano.
El recuerdo de Cristinita no podrá ser diluido para otras generaciones sino todo lo contrario.
¿Quién sino el gobierno ha hecho posible qué muchos que nada sabían se enteraran de los crímenes y las acciones aberrantes producidas por el terrorismo subversivo sino fuera por una política de estado sesgada y parcializada hacia uno solo de los lados intentando ocultar y tergiversar la realidad?
Dicen que la mentira tiene patas cortas, estimo que estamos llegando al final de esas patas.

Alejandro Olmedo Zumarán.


No fui simpatizante del Dr. Raúl Alfonsín, no obstante su muerte, a mi entender, es un hecho que ha evidenciado sentimientos que conmovieron a la crispada sociedad Argentina.

El fallecimiento de quién gobernara el país entregando el mandato cinco meses antes de finalizar su período, ha producido una unión y una reacción en la sociedad que puede interpretarse como un mensaje a todos los políticos argentinos y en especial al gobierno nacional.

A esta altura cabe la pregunta acerca de ¿cuáles fueron los valores que toda la gente que fue a despedirlo resaltó?

Su honestidad por sobre todas las cosas, la predisposición al diálogo, su permanente pedido de unidad nacional y la búsqueda de consensos dejando de lado viejos rencores y odios para lograr que de una vez por todas este país supere la debacle en que vivimos.

El mensaje fue muy claro, el pueblo no fue a la Plaza de Mayo, sino que desde todos los rincones de la República autoconvocó para despedir a un hombre que ha simbolizado valores perdidos, valores que por medio del lamentable acontecimiento de la muerte ha demandado a los políticos y al gobierno nacional que se pongan nuevamente en práctica.

Poco importan los errores cometidos por el Dr. Alfonsín, en estos tiempos interesa el futuro del país y lo que el pueblo ha reclamado al gobierno nacional y a los políticos en las calles de toda la Nación:

Honestidad, unidad, diálogo, consenso, transparencia y sinceridad.

Es de esperar que este homenaje sincero y espontaneo no sirva sólo para que dentro de un año los canales de TV lo repitan cuando se cumpla el primer aniversario de su muerte.

Esperamos y anhelamos que sea el puntapié inicial para que todos unidos pongamos a la Argentina de pie con el objeto de reconstruir a nuestro país.

Alejandro Olmedo Zumarán.