martes, 11 de noviembre de 2008

LOS PERROS Y GATOS TIENEN MÁS DERECHOS QUE EL NIÑO POR NACER.

Mientras en la Provincia de Buenos Aires se ha prohibido la eutanasia de perros y gatos lo que me parece una medida muy humana aunque se aplique a los animales, el congreso nacional hace todo lo posible por sancionar el aborto lo que significa la eliminación de una vida. He sostenido que este no es un tema religioso sino de derechos humanos. Desde el primer momento una nueva vida se aloja en el vientre materno con un código genético propio y de esto hay pruebas científicas irrefutables, entonces no interesa si el aborto se realiza durante la primer semana de embarazo o la decimosegunda semana. La vida merece el máximo respeto que nuestras leyes le asignan y ningún derecho puede admitir la supresión de dicha vida. Parece mentira pero es real, los gatos y los perros a los que quiero tendrán más derechos que el niño por nacer, que podrá ser eliminado por la voluntad de un tercero. Una aberración que no tiene justificación, la vida no se negocia ni admite ningún límite. La sociedad debe entender que el aborto es la legalización de la muerte, no importa que en el mundo muchos países lo permitan, alguna vez se apoyó la esclavitud y muchas matanzas que hoy día son calificadas como genocidios que han producido la creación de numerosos tratados y convenciones que los condenan severamente, no nos equivoquemos propiciando el comienzo de una matanza en cadena amparada por leyes que van en contra de la humanidad.

Alejandro Olmedo Zumarán.

2 comentarios:

Juan Manuel Bulacio dijo...

Es triste Negro, pero parece que los derechos humanos sólo son para las madres y por lo que contás, también para los animales.
Triste espectáculo de decadencia moral es el aborto. En el futuro (aunque tal vez muy lejano) se hablará con estupor de nuestra barbarie

Alejandro Olmedo Zumarán. dijo...

Así es querido Juano. Somos unos bárbaros que nos matamos entre nosotros y no por hambre o estado de necesidad sino por odio, ignorancia y resentimiento. En fin unos bárbaros.
Alejandro Olmedo Zumarán.