domingo, 27 de marzo de 2011

LA ARGENTINA QUE YO VEO Y LA QUE NUNCA VERÉ.(CORREGIDO)

Al borde de cruzar la mitad del centenario de mi existencia me pregunto si algún día volveré a ver aquella Argentina sobre la que existen evidencias de haber sido un país prospero y rico incluido entre las siete potencias más importantes del planeta que amenazaba competir por el liderazgo de ese grupo.

Cuando tuve la capacidad de entender supe que hubo un presidente llamado Arturo Illía, cuyo sobrenombre era "La Tortuga" que fue derrocado por una dictadura militar.

De allí en más el país se vio envuelto en una lucha entre terroristas, Perón y los militares.

En 1973 retornó al país luego de muchos años de exilio Juan Domingo Perón. Su objetivo apunto a lograr algo del orden interno que los distintos gobierno militares y democráticos no habían podido imponer.

Estaba gravemente enfermo y con muchos años. Se postulo para presidente una vez que los candidatos que lo representaron cuando estaba proscripto renunciaron y ganó por abrumadora mayoría. La vicepresidente electa resulto su mujer, persona con pasado mal visto por la sociedad argentina.

Poco es lo que Perón pudo hacer en un país donde las muertes por atentados terroristas y las acciones de la triple A se repetían sin ningún freno.

Muerto Perón, su mujer, electa vicepresidente, asume el poder aumentando la calamidad en la cual se vivía.

Descarrilada por completo la patria, la viuda es derrocada por una junta militar a la cual anteriormente el gobierno derrocado por medio de un decreto le había ordenado aniquilar el accionar subversivo.

El terrorismo había intentado voltear el gobierno democrático de Perón para imponer una dictadura de izquierda. Para ello cometió 21655 atentados entre 1969 y 1979, en los que mataron a miles personas.

La gente tuvo esperanzas de que el país comenzara, de una vez por todas, a crecer y recuperarse para volver a ser lo que alguna vez se creyó que podía ser la Argentina.

Los militares combatieron el terrorismo sin códigos, desaparecieron terroristas, sin dar información alguna a sus familiares sobre el motivo de la detención ni adonde se encontraban.

Es cierto que, como dijeron muchos, la mayoría de las víctimas de los militares eran terroristas, no obstante este modus operandi de los militares fue condenable e injustificado.

Se detenía en centros clandestinos, se torturaba y se mataba en ocasiones, sin que trascendiera nada de estos operativos que igualaban a lo que hacían los terroristas.

Tanto en lo político como en lo económico el gobierno militar fue un desastre.

Corrupción, malas políticas económicas, la declaración de la Guerra a Inglaterra por las Islas Malvinas y las miles de muertes sin información alguna hicieron que luego de transcurridos siete años las urnas volvieran a ser protagonistas.

Otra esperanza se abría para la Argentina, se iban los militares y retornaba la democracia, un gobierno de todos para todos.

Los partidos políticos se prepararon, luego de una campaña entusiasta donde con la quema del cajón por parte de Herminio Iglesias ganó Raúl R. Alfonsin, en quien se depositaron nuevamente los mejores deseos y los mas sinceros buenos augurios.

"Con la democracia se come, se educa y se cura" dijo el caudillo radical quien terminó yéndose seis meses antes de terminar su mandato dejándonos con una inflación superior al mil por ciento mensual, sin luz, sin teléfonos, sin televisión y con desabastecimiento de alimentos y combustibles. En fin todo convertido en un caos.

Asumió Carlos Menem con promesas de salariazo y revolución productiva, al tiempo que busco el apoyo y consejo de políticos autodenominados liberales”. Llegaron las privatizaciones de todas las empresas públicas que habían estado dando pérdidas brindando pésimos servicios.

Para lograr tener un teléfono había que pagar 5000 dólares a modo de tarifa fija, como coima para que lo instalaran en los domicilios.

Se estableció la paridad del peso con el dólar 1 a 1. Esto se prolongó durante una década y nuevamente la corrupción hizo que el gobierno menemista, no obstante su primavera exitosa se fuese también fracasado.

El poder lo heredo el grupo de la Alianza integrado en sus cabezas por Fernando de la Rúa y Carlos Álvarez.

Poco pudieron ni supieron hacer ante un país endeudado, sin rumbo y con las fuerzas populistas y de ultra izquierda pujando por reiterar las políticas del pasado, argumentando criticas a ultranza al neoliberalismo impuesto por Menem.

Ambas políticas fueron nefastas sin que se aclarara el porqué. Imperó en ambas la corrupción, recordemos los pollos de Mazzorín, las cajas PAN y las escandalosas privatizaciones, los sobresueldos, las valijas de Amira y múltiples etc. que envilecieron aún mas la delincuencia económica existente.

Ninguna política puede tener éxito ni llegar a buen fin con los altísimos niveles de corrupción que siempre hubo en la Argentina.

El sueño de la Alianza terminó pronto y luego que cinco presidentes asumieran en una semana, se eligió en carácter de Presidente interino a Eduardo Duhalde, quien con su ministro de economía Roberto Lavagna pusieron algo de orden a las cuentas.

Con el comienzo de la suba de los precios internacionales de la soja, que para la actual presidente sería un yuyo, la economía comenzó a reestablecerse. El asesinato de dos activistas de izquierda provocó que Duhalde acelerara su partida convocando a elecciones.

Su rencor hacia Menem hizo que suprimiera las internas abiertas lo cual posibilitó que Néstor Kirchner compitiera contra el riojano en las presidenciales, este último logró convertirse en primera minoría. Menem intuyendo una contundente derrota en el balotaje frente a Kirchner, no se presentó y llegamos al año 2003 con Kirchner, otro peronista, en la presidencia.

Lo que hemos visto en estos últimos ocho años, nunca en mi opinión ocurrió anteriormente. Personalmente opino que un deterioro tan evidente y monstruoso de la Argentina y esto lo digo en todas las áreas, política, humana, económica, institucional y social, era inimaginable.

Ex gobernantes se enorgullecen aún hoy de sus anteriores gestiones acompañando datos de las mismas. "Dejé el país con cincuenta mil millones de reservas". "Todos podían viajar a Europa". "Ganaban en dólares". "Crecimos a tasas chinas". "El desempleo es de un dígito". "La inflación fue 0,6%". "Quién ordenó las cuentas fue nuestro gobierno", etc, etc.

Creo que este es el peor momento de los doscientos años de vida de la Argentina y pocos percibimos lo que podría ocurrir de seguir tironeando de la cuerda como lo estamos haciendo.

Un sincero mea culpa nos llevaría a asumir que la responsabilidad no es solo de los políticos sino de la mayoría de los Argentinos que solo reaccionamos si comprobamos que nuestro bolsillo está siendo vaciado sin justificación alguna. Pero si el bolsillo vaciado es el de nuestro vecino nada decimos.

La mayoría se mantuvo callada ante los mayores actos de corrupción y la aplicación de políticas inmorales por el hecho de que no la afectara.

A nadie le interesa que hoy se hagan negocios millonarios con la plata de los impuestos que aportamos los trabajadores argentinos, si eso no perjudica su empresa, fábrica o negocio. Mientras le toque a los demás daremos el visto bueno para que hagan cualquier cosa.

Anomalías como juzgar a quién piensa diferente solo porque pertenece a una de las partes que participó en la guerra de los setenta vulnerando el principio de cosa juzgada no importa, mientras a mi no me toquen sigan para adelante.

Procesar por evasión impositiva a los opositores mientras miembros de la Corte Suprema registran actos inadmisibles en el pasado que en cualquier país normal invalidarían la asunción de tal jerarquía, no produce la más mínima reflexión para millones de argentinos que ven esto como una circunstancia normal de la política nacional.

Llego al final de estas líneas comprobando que no hay ningún referente confiable en el cual los argentinos que tenemos casi medio siglo podamos apoyarnos. Éramos muy jóvenes en los tiempos de Arturo Frondizi de quien quienes lo conocieron hablan muy bien.

En su lugar conocimos a militares, a terroristas (actualmente los vemos todos los días), a los que recitaban el Preámbulo de la Constitución Nacional y luego pactaron El Pacto de Olivos con Menea, destrozando la Constitución de 1853 lo cual acarreó un perjuicio para todos los argentinos que solo se solucionará algún día si se vuelve a la anterior Carta Magna.

Conocimos también a los que clamaban su honestidad considerándose los mas habilitados para luchar contra la corrupción y ante el primer problema, huyeron como cobardes, abandonando sus responsabilidades ante quienes los votaron. Renunciaron a su cargo, debilitaron al presidente de entonces, posibilitando que paso a paso quienes los sucedieron terminaran de dilapidar todas y cada una de las instituciones que aún quedaban en pie antes del año 2003.

Todo esto ha sido posible gracias a la mayoría de los Argentinos NI. No me importa ni me interesa.

Días atrás en una mesa integrada por empresarios y gente del circuito financiero vinculados a los grandes números éstos afirmaban:

-Cristina gana con el 52 % de los votos, no puede perder.

Sentí que me derrumbaba y pregunte:

¿Pero cómo sabes que gana?

-Y la gente está contenta, nunca se ganó tanta plata, el campo gana plata.

Si pero no gracias al gobierno sino a los precios internacionales, respondí y un participante me aclaró:

-Calculá que las retenciones podrían haber sido mayores...

Otro de los integrantes de la mesa a renglón seguido dijo:

-Los empresarios han ganado mucho dinero, pero mucho.

A lo cual agregó el primero:

-Nosotros nos hemos hecho ricos, ganamos fortunas y si preguntás a quién van a votar, ninguno de estos te va a decir a Cristina por vergüenza, pero la van a votar si han ganado fortunas.

Quedé atónito, sin palabras y comprobé que esos seis hombres eran un reflejo mayoritario de lo que es la sociedad argentina actual, hacerse rico a cualquier precio no importa cómo.

Arribé además a otra reflexión. Tenemos un país donde haciendo gala de un cinismo supino, el gobierno actual ha beneficiado a los sectores de mayor poder adquisitivo, mediante el otorgamiento de enormes prebendas, porque conformar a las clases altas es mucho más arduo que hacerlo con las clases desposeídas a las que con 134 pesos de asignación universal por hijo, algún plan trabajar de seiscientos pesos, unas bolsas con productos de los más baratos de la canasta familiar y alguna que otra migaja más se los conforma.

En mi búsqueda de referentes en este país, no los encuentro en la política, repaso y a groso modo rescato tres:

Maradona, el médico rural, Esteban Laureano, René Favaloro que no pudo resistir un país sordo y ciego que cuyas autoridades nos llevan al derrumbe y Margarita Barrientos una mujer que da de comer a chicos pobres todos los días y ha hecho escuelas, salas de medicina y se esfuerza para que los niños se eduquen y aprendan a vivir en familia dando ella el ejemplo solo con los hechos, no es política ni quiere serlo.

¿Será que la política esta tan pervertida que solo caben en su ejercicio los pobres y corruptos de Espíritu?

Alejandro Olmedo Zumarán.

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